Hay experiencias que no se pueden contar…
solo intentar acercarlas.
O mejor dicho, intentar mostrarlas en imágenes.
Porque, como se dice, una imagen vale más que mil palabras.
No sé si lo consigo…
pero lo intento.
Hace unos días tuve la suerte de colarme en uno de los ensayos de Los Aslándticos, que están preparando su gira “Tour 20 Años Fatal de los Nervios”. Y lo digo así, “colarme”, porque aunque lleve tiempo compartiendo momentos con ellos, cada vez que entro en ese espacio siento que estoy dentro de algo muy especial.
Para quien no los conozca (aunque ya vais tarde), Los Aslándticos nacieron en Córdoba, a la sombra de la vieja fábrica de cementos Asland, cuando un grupo de amigos se reunía para tocar, improvisar y transformar lo cotidiano en música. Su sonido ha viajado entre reggae, flamenco y funk, siempre con letras que hablan de la vida real: imperfecta, viva y llena de matices. Más de veinte años después, esa chispa inicial sigue intacta, respirando en cada ensayo y latiendo en cada concierto.
Los ensayos son el lugar donde todo empieza a tomar forma. Donde las canciones se desmontan y se vuelven a construir. Donde la complicidad, las risas, la concentración y la adrenalina se mezclan, creando un clima único que luego se refleja en el escenario. Esa energía pura se transmite al público y convierte cada concierto en algo que se siente antes que se escucha.
Y hay algo más, algo todavía más importante: la sensación de familia.
No solo es la música, ni siquiera los conciertos. Es cómo te hacen sentir cuando estás con ellos. Siempre he dicho que no voy a hacer fotos… voy a vivir momentos. Y con ellos, eso cobra todo el sentido. Me hacen sentir como uno más del grupo, como si llevara ahí desde el principio, formando parte de esa magnífica familia que han construido con los años, donde todo fluye desde la cercanía, el respeto y la energía auténtica.
Estar ahí, viéndolos trabajar, compartir ideas, equivocarse, acertar, repetir… es como asistir al latido real de la música. Y lo mejor de todo es que nunca te hacen sentir un espectador. Te hacen sentir en casa.
Para alguien que vive la fotografía como forma de emoción, eso es oro. Porque al final no se trata solo de hacer fotos… se trata de estar dentro de la historia. Y con Los Aslándticos, siempre lo estoy.
Gracias, de corazón, por abrirme la puerta una vez más. Por la confianza. Por la energía. Y por hacerme sentir parte de esta familia.
Nos vemos en la carretera.