Esta mañana salí a caminar por la playa de La Barrosa con mis cachorros, dejándome llevar por el ritmo tranquilo del mar. Como casi siempre, la cámara venía conmigo, no por obligación, sino como una extensión de la mirada.
Mientras las olas danzaban en la orilla, observé a esos espíritus libres que se deslizaban sobre el agua. No buscaba la fotografía perfecta ni el encuadre exacto, solo estar presente y dejar que el momento me encontrara, dejarme llevar por lo que me transmitía ese instante.
Como siempre digo, permitir que mi alma bohemia se exprese sin prisas ni artificios.
Aquí dejo algunos momentos suspendidos entre el mar y la arena.
¿Os transmiten esa misma calma que me regaló la mañana?